
Cuando alguien nos escribe por primera vez, casi siempre espera una cotización por proyecto: «¿cuánto cuesta un logo?», «¿cuánto cobran por diez ilustraciones?». Y entendemos por qué — es el modelo con el que todos estamos acostumbrados a trabajar con un estudio de diseño. Pero en Bunny Hole elegimos otro camino: trabajamos por suscripción mensual. Esta es la razón real, sin discurso de ventas.
Cotizar por proyecto obliga a definir el alcance antes de empezar a trabajar de verdad — cuántas revisiones, cuántas piezas, cuántas horas. El problema es que el mejor trabajo creativo casi nunca sigue ese guion. Una marca en crecimiento no necesita «un logo» en enero y ya; necesita ajustes constantes, piezas nuevas cada semana, alguien que entienda el contexto sin tener que explicarlo desde cero cada vez que hay un pedido nuevo. El modelo por proyecto castiga justo esa flexibilidad, porque cada cambio de alcance implica renegociar precio — y esa fricción termina frenando ideas que sí valía la pena ejecutar.
Con un modelo de suscripción, ya no hay que decidir si «vale la pena» pedir un ajuste pequeño o una pieza nueva — está incluido dentro de lo que ya se paga cada mes, dentro del alcance definido del plan. Eso cambia la relación de raíz: en vez de vernos como un proveedor puntual al que se acude cuando hay presupuesto, nos convertimos en el equipo de diseño que ya conoce la marca, el tono, los errores que no se deben repetir y las decisiones que ya se tomaron antes.
Del lado del estudio, la suscripción permite planear el trabajo con cabeza fría en vez de perseguir el próximo proyecto cerrado. Eso se traduce directamente en mejor trabajo: cuando no estamos cotizando constantemente, tenemos más tiempo real para pensar cada pieza, y menos incentivo para apurar una entrega solo porque el contrato dice que ya se acabó el plazo.
Si necesitas una sola pieza puntual — un logo único, sin intención de trabajar juntos a largo plazo — probablemente no somos la mejor opción, y te lo decimos de frente en la primera llamada. La suscripción funciona mejor para marcas que están construyendo algo continuo: una colección que crece temporada a temporada, un negocio textil que necesita arte nuevo cada mes, una identidad que necesita mantenerse viva en el tiempo, no congelada en el momento en que se entregó el archivo final.
Al final, no es un modelo de precios. Es una forma distinta de entender la relación entre una marca y el estudio que la acompaña.